A media luz

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Todas las cosas transcurrieron envueltas en el velo de intimidad que producen las velas. A penas fue posible distinguir su figura que mas que humana parecía felina, contrastando con una voz meliflua que se alternaba entre la lengua de Cervantes y de Moliere, haciendo que incluso su nombre adquiriese el sabor de las cosas cuando huelen a eternidad.


Compartieron dulces momentos acompañados de un cabernet sauvignon y música de café del mar. Dulces miradas que relevaron al dialogo, dejando así que fuese el alma que hablase. Se fundieron en un abrazo en el que él fue capaz de descifrar todo el dolor y el peso que llevaba encima, la amargura con la que fue contaminada su alma por el rastro del pasado.


Hubo momentos en el que pensó que desfallecía al darle de esa energía que él emana, esa que lo hace brillar más que el sol de medio día.

2 huellas dejadas, deja la tuya.:

Pedro Vilas dijo...

me encantan los detalles, haces que me convierta en uno de los protagonistas de esos momentos tan especiales. :)

Annie dijo...

Me alegra que puedas ambientarte, y hagas parte de ti, "Mi Universo".

Un Abrazo ;)